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Categoría: Readaptación

10 septiembre, 2019

En este nuevo post sobre psicología hablamos sobre como movilizarnos para un cambio, todos buscamos mejorar día a día ya sea a nivel de trabajo, pareja, deporte… Buscando siempre nuestro bienestar y nuestra felicidad.

No obstante, es algo habitual ver cómo, a pesar de querer cambiar algún aspecto de nuestra vida, no hacemos nada para lograr este cambio o mejora. Esto suele darse debido al miedo que produce el cambio, estamos más seguros en la situación actual, entonces preferimos quedarnos en nuestra zona de confort, a pesar de que eso nos reduce mucho las posibilidades de mejorar.

“Mejor lo malo conocido que lo bueno por conocer”

Este es un refrán típico, muy útil para explicar por qué muchas veces nos mantenemos en la zona de confort y evitamos cambiar. Cuando queremos mejorar algo en nuestra vida se produce en nuestra mente un conflicto de intereses entre nuestros pensamientos y emociones: aparecen las motivaciones hacia el cambio, los miedos, los beneficios y costes personales del mismo, etc.; y será aquello a lo que demos más importancia lo que determine nuestra conducta posterior.

El nombre de zona de confort no quiere decir que sea cómoda, sino que nos hemos acostumbrado a ella, no nos requiere mucho esfuerzo ya que hemos automatizado las tareas y la dinámica diaria y ello nos permite seguir funcionando en nuestro día a día. Todo cambio exige un esfuerzo de energía, desaprender y aprender nuevas formas de actuar o adaptarse a otros entornos, y es aquí donde aparecen las inseguridades y dudas.

 

Por ejemplo, es habitual qué tras el diagnóstico de una enfermedad, una lesión grave, una operación, etc.; aparezcan miedos, inseguridades y veamos la actividad física como un enorme esfuerzo que nos hace duda de nuestra capacidad para poder llevar de nuevo una vida normal: practicar nuestro deporte o continuar trabajando y rindiendo al mismo nivel, viajando,  o realizando otras actividades de ocio; sin embargo, tenemos claros los numerosos beneficios que tiene para nuestra salud mantenernos activos, tanto física como psicológica.  Bien, en esta situación, será la persona (a que aspectos de más peso) y su motivación para salir de la zona de confort, lo que determinará que realmente se produzca una mejora ligada a la actividad física.

¿Qué puedo hacer para salir de mi zona de confort?

Llega la hora de ponernos en marcha, os traigo unas preguntas que nos ayudarán a concretar actividades para movilizar ese cambio que deseamos, en este caso ponemos el ejemplo a nivel deportivo.

  1. ¿Qué actividad física o deporte quieres comenzar (o volver a realiza)? Mi objetivo.
  2. ¿Por qué es importante para ti realizar esa actividad o deporte? Mi motivación.
  3. ¿Cómo vas a hacerlo? Acción concreta, pasos a seguir.
  4. ¿Qué beneficios tiene para mí conseguirlo? Aspectos positivos para mi vida.

Ahora falta comprometerse con el cambio y atreverse a salir de la zona de confort. ¡Ánimo, tú decides!

 

Para saber más:

https://www.youtube.com/watch?v=i07qz_6Mk7g

 

Artículo escrito por:

Lara Jiménez Martín

Psicóloga sanitaria y deportiva en Clínica Plenum

Nº colegiado: CL-4751

31 mayo, 2019

Sr/Sra usted tiene artrosis” ( palabra de médico ).

 

Nada más llegar a casa lo primero  que hago es meter ese “palabro” en Mr Google , después de hacer un esfuerzo por filtrar los millones de entradas , parece que ya lo tengo más o menos claro . Resulta, que entre los huesos de las articulaciones , hay una especie de “gel amortiguador “ que se llama cartílago y que en mi caso, según dicen, está en las últimas .

 

Lo primero que pienso es , ¿ Por que me ha pasado esto ? La respuesta fue , que es lo normal para la edad que tengo… y lo segundo es , “ que me pongan otro y punto” , pero parece ser , que eso por el momento no es posible….

 

Vamos a intentar ayudarla .

 

Pues si, la edad es un factor de riesgo , como también los hábitos de vida no saludables , factores hereditarios o deformidades oseas, pero un reciente estudio hecho por  Arthritis Research Uk en el Reino Unido y publicado en el British Journal Sports Medicine  concluye  que los futbolistas profesionales retirados , tienen dos veces más riesgo de tener artrosis de rodilla que la población sedentaria , 3 veces más de padecer condrocalcinosis y 3 veces más de riesgo de prótesis de rodilla .

 

Según este estudio , ser jugador profesional tiene dos veces más riesgo que “ser mayor” para padecer artrosis . Entendemos que un jugador debe tener la musculatura más desarrollada debido a que es una de sus armas de trabajo , pero aún así , siguen teniendo un mayor factor de riesgo . Podemos pensar que ellos someten al cuerpo a mayores impactos , durante más tiempo , pero la verdadera razón no es el número de impactos , sino cómo absorbe la articulación esos impactos.

 

Pongamos un ejemplo , una puerta puede abrirse y cerrarse una o un millón de veces , si la puerta está bien encuadrada dentro del marco y  las bisagras bien puestas y engrasadas , no le va a pasar nada . Ahora,  si una de las bisagras , empieza a fallar , poco a poco irá descuadrandose y rozando la esquina superior del marco , no nos daremos cuenta hasta que haya empezado a rozar , y será demasiado tarde . Y no sólo eso, intentaremos arreglar esa parte superior , pero al poco  tiempo volverá a rozar. Hasta que no arreglemos la bisagra que falla, la puerta no dejará de rozar , aveces es demasiado tarde y nos tocará cambiar la puerta .

Con el cuerpo humano pasa lo mismo , el problema es que cuando nos duele una rodilla , solemos centrarnos en la rodilla ( parte superior de la puerta ) y dejamos de lado la cadera y los tobillos ( bisagras ) y cuando queremos arreglarlo es demasiado tarde y por desgracia la solución no es tan fácil como con la puerta .

 

El abordaje de la artrosis desde la readaptación , será en un primer momento, ver posibles desequilibrios musculares que están provocando esas “disfunciones posturales” que  hacen que la articulación no se mueva de manera correcta o con limitaciones .

Estas disfunciones suelen ser creadas por la inhibición o debilidad de la musculatura principal , que hace que baje el tono muscular de la misma  y esto hace que la musculatura sinergista sea dominante en el movimiento , que haya una alteración en la inhibición recíproca ( la musculatura antagonista va a verse disminuida ) y esto va hacer que haya fallos en el patrón de movimiento que , repetidos de manera continua crearán esa disfunción postural que “alimentara el riesgo de artrosis” .

 

Por dejarlo más claro , pondremos otro ejemplo , si en una empresa por ahorrar costes, despedimos a uno de los productores y en su lugar ponemos a 3 becarios , los primeros días , quizá no lo notemos, pero a la larga , los 3 becarios acabarán fundidos porque no están preparados para esa función , pueden ayudar , pero no serán  capaces de asumir todo el trabajo , y la empresa será un desastre .

 

Para volver a la normalidad , deberemos , relajar esos músculos sinergistas que están sobrecargados por el exceso de actividad, y activar la musculatura principal , para que el patrón  de movimiento, vuelva ser el correcto.

 

En la Clínica Plenum , abordamos la artrosis de una manera integral , trabajamos  intentando paliar el dolor con tratamientos  médicos y de fisioterapia  , a la vez que enseñamos al paciente a moverse correctamente con la readaptación y posteriormente a reforzar esa articulación con actividad física dirigida.

 

Artículo escrito por nuestro readaptador Javi H. Bello, preparador físico de la Selección Española de Baloncesto.

17 junio, 2016

A día de hoy, muchas personas no saben con exactitud a lo que se refiere el término readaptación o recuperación funcional. Aportando una definición “familiar” el término se refiere a la fase de tiempo, posterior a una lesión en la que el usuario pone a punto la parte lesionada para volver a realizar actividad física al 100% de su capacidad

A veces, en Plenum utilizamos una definición más sencilla: “ es la traducción del momento en el que te dan de alta y te dicen:  comienza a hacer actividad poco a poco”

Más allá de la confusión terminológica que inunda el campo de la actividad física, la clave de este concepto no es la utilización de ejercicios para la recuperación funcional. La naturaleza y la resolución del problema radica en algo más profundo.

La ecuación comienza en el diseño de progresiones correctas que se utilizarán con los pacientes y los tiempos adecuados para asimilar las adaptaciones. Ese conocimiento proviene de la formación, de la experiencia de los terapeutas y del talento para comunicar con las personas e interpretar como afectan nuestras propuestas a cada uno de nuestros usuarios.

Ejercicios para recuperar una lesión o que esa lesión no sea recidivante (no vuelva a ocurrir) los puede plantear cualquiera que tenga acceso a internet y sepa copiar y pegar. Lo que realmente marca la diferencia es la elección de cada uno de ellos según las características individuales del usuario, la riqueza de los detalles en cada sesión y la conexión emocional con la persona que los está haciendo.

 

La esencia

Durante este proceso es de vital importancia tener la perspectiva de varios profesionales, simultáneamente, esto es lo que se denomina equipo multidisciplinar. Esa visión desde puntos de vista diferentes : fisioterapeútico, médico y readaptador es básico para optimizar el tiempo de recuperación “atacando” la parte lesionada desde varios frentes y con enfoques diferentes. Esta es la ventaja para el paciente de una orientación grupal de una patología.

La valoración inicial por parte del médico en cuanto a daños estructurales y diagnóstico es primordial. La ayuda del fisioterapeuta en cuanto a las restricciones causadas por el problema y su ayuda controlando los procesos de inflamación junto con la propuesta de ejercicios realizados por el readaptador, completará un ciclo exitoso para que, la persona lesionada, pueda volver a hacer el tipo de actividad física que más le guste hacer, sin limitaciones, sin miedo a volver a recaer.

Si el proceso ha estado bien orientado, la parte lesionada podrá estar incluso, mejor que antes que lesionarse. Suele ocurrir que, al final de una buena readaptación en una lesión, el segmento lesionado tenga más fuerza y más control neuromuscular que el no lesionado.

Para concluir y siempre desde mi modesta opinión, en este mundo interconectado donde abunda la información y el componente tecnológico, el factor humano sigue siendo básico.

 

 – Nacho Coque

Preparador Físico y Readaptador