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Categoría: Psicología

9 marzo, 2020
recta-final

Si eres opositor, deportista o entrenador estás de suerte, este post va para ti. Y algunos se preguntarán, ¿qué tengo que ver yo como deportista con un opositor? O viceversa. Está pregunta yo también me la hice en un principio, pero cuanto más hablaba con mis amigos opositores, más me daba cuenta lo que se parecían algunas de sus preocupaciones con las de los entrenadores y deportistas con los que trabajo día a día.

Estas preocupaciones comunes tienen que ver sobre todo con como llegar a los momentos “críticos” en un buen nivel de rendimiento, dando su mejor versión. Los deportistas y entrenadores enfocados en las fases finales, clasificación para “final four”, o para los campeonatos de España o fases de ascenso a ligas superiores; y los opositores a sus exámenes y/o pruebas físicas.

Cuando se acercan estos momentos críticos es frecuente que nuestros nervios y preocupaciones aumenten, también la ansiedad, parece que se nos olvida todo o que no sabemos hacer nada de lo que hemos entrenado durante el año. Aparecen miedos, dudas e inseguridades que son malos compañeros en esta recta final del viaje, normalmente cuando nos dejamos llevar por ellos cometemos errores, la presión aumenta y pueden llegar a bloquearnos.

¿Te ocurre o te ha ocurrido algo así y quieres saber cómo superarlo? Os dejo unas claves para combatir a estos malos compañeros de viaje:

Una buena planificación para “protegernos”:

¿Qué pasos tengo que dar para llegar a la meta final? Dicho de otra manera, tener claros nuestros objetivos. No solo vale tener clara la meta, ya que es a largo plazo y si no se como llegar a ella me puedo perder por el camino. Saber que quiero, para qué lo quiero, y cómo lo voy a conseguir es necesario en el camino hacia la meta.

Establece objetivos a corto y a medio plazo, que te ayuden a ver avances hacia el objetivo, que te ayuden a planificar tu día a día y así evitar las distracciones. Cuanto más claro tengamos los objetivos, más fácil es comprometernos con ellos y mejor sabremos saltar las piedras que puedan ponerse en nuestro camino

Cuidarse para rendir bien:

Cuidado con el “yo puedo con todo”, “No puedo fallar” … Todos los excesos son malos, también el de la exigencia. ¡Nadie es perfecto!

Exigirse estar siempre al 100% es agotador, necesitamos descansar para rendir. Tener unos buenos hábitos de alimentación y descanso ayuda a que nuestro cuerpo tenga la energía suficiente para entrenar o estudiar al máximo, en definitiva, cuidarse.

Distraer la mente también nos ayuda a estar bien, hacer alguna actividad que nos ayude a no pensar todo el tiempo en la oposición o los entrenamientos: algo de ejercicio físico, actividades en la naturaleza, leer, ir a cine, quedar con amigos y familia… Como dije antes, todos los excesos son malos, si eres deportista no añadas más ejercicio físico como actividad distractora, ya entrenas suficiente; si eres opositor, quizá leer no sea lo que más te ayude a distraerte en el día a día.

Dejar espacio a lo que me sirve:

Nuestra mente es muy protectora, y siempre quiere prepararnos ante los peligros, avisarnos de los que están por llegar o buscar una solución a los que ya ocurrieron por si vuelve a pasar. El problema de poner demasiada atención en lo que vendrá o lo que ya pasó es que nos perdemos algo muy valioso: el presente.

Analizar lo sucedido y aprender de ello o prepararme para lo que tengo durante la semana es algo útil, necesario incluso. Pero engancharme demasiado tiempo en ello me puede provocar que no sea capaz de concentrarme en el estudio de esa tarde, o en el entrenamiento, y eso llevará a que me sienta mal después y a engancharme más en lo que hoy no hice o lo que me queda por hacer para llegar.

No podemos elegir nuestras emociones y pensamientos, pero sí podemos cambiarlos o elegir a qué prestamos atención. Y para eso necesitamos centrarnos en el presente.

Hacer ejercicios de respiración, meditar, tener rutinas… nos ayuda a mantenernos en el presente. Observa tus emociones, cambia tu postura corporal y tu expresión facial, pon tu cuerpo en la emoción que quieres tener. Cambia tus pensamientos, dile a tu cerebro lo que sí quieres que piense, se cree todo lo que le decimos.

 

Si no sabes cómo llevar a cabo cualquiera de estas claves pide ayuda a un profesional, a veces amigos y familiares por mucho que quieran ayudar no saben cómo hacerlo. ¡Nosotros estamos para eso!

 

Artículo escrito por: Lara Jiménez Martín
Psicóloga sanitaria y deportiva en Clínica Plenum – Nº colegiado: CL-4751

 

 

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7 enero, 2020

 

¿Cuántos de vosotros habéis brindado el 31 con un montón de propósitos en la cabeza para este 2020?

  • Empezar a ir al gimnasio o hacer deporte.
  • Empezar dieta.
  • Cuidarse más.
  • Apuntarse a alguna formación.
  • Quedar con esos amigos que hace mucho que no veo…

Y la lista podría seguir hasta hacerse infinita. Sin embargo, hoy no os escribimos simplemente para contaros esto, que ya lo sabéis; hoy nuestra intención es dejaros unas sencillas claves para formular nuestros propósitos de forma que nos sea lo más sencillo posible cumplirlos.

 

Preguntas iniciales:

Muchas veces los propósitos fallan desde el momento que los decimos en alto, por ser demasiado genéricos, ambiciosos, imposibles, poco importantes…

Por eso antes de formular tu propósito en alto y comprometerte con ello te propongo que cojas papel y boli y respondas a las siguientes preguntas en relación a esa idea que te ronda en la cabeza:

¿Qué es lo que realmente quiero?

¿Me hace feliz conseguirlo?

¿Es un propósito realista? (quiere decir si cuento con los recursos y los medios para conseguirlo)

¿Lo veo posible? ¿Creo que puedo conseguirlo y confío en mis capacidades para hacerlo?

 

La importancia de saber PARA QUÉ:

Si nuestro propósito no tiene una utilizad clara tenemos una alta probabilidad de fracasar. Ahora escribe en ese papel:

Quiero conseguir mi propósito………. Para:

¿Por qué es importante para mí conseguirlo? ¿Cuánta importancia tiene en mi vida? Haz tu lista de prioridades, ¿Dónde se encuentra tu propósito?

 

Estas preguntas nos ayudarán a priorizar, cuanto más importante sea para nosotros el propósito más probable es que nos impliquemos en cumplirlo. Si cuando respondo a estas preguntas veo que no es muy importante o muy útil para mí en este momento, no quiere decir que tenga que olvidarme de ello, pero sí evitará que me culpabilice si no llego a cumplirlo por haber dedicado tiempo a otras cosas que consideraba más útiles o importantes.

 

El cuándo y el cómo:

Sé lo más específica posible, intenta desgranar todos los detalles sobre cuando y cómo vas a poner en marcha tu propósito; qué puede pasar mientras vas dando los pasos para conseguirlo y cómo actuarás en esas situaciones.

No comentas el error de decir el 1 de enero empiezo la dieta con la nevera llena de sobras de la cena del 31 y los reyes por llegar. ¡¡Póntelo fácil!!

 

Atención plena:

Cada paso hacia tu propósito es importante, merece toda tu atención y que disfrutes del camino y la satisfacción de ir avanzando.

Haz una lista con todos los pasos que crees que debes dar para llegar a la meta final, dedica un tiempo a cada uno de estos pasos, un tiempo para ti y tu propósito personal. Intenta sentir y estar presente en estos momentos, de forma plena, sin atender a otras preocupaciones o tareas por hacer. ¡Es un tiempo reservado para ti!

 

No hay plan B:

Las excusas son las enemigas de nuestro propósito, las dudas y el miedo a los cambios pueden venir a visitarnos, pero no vamos a invitarles a entrar a nuestro 2020. Has planificado tu propósito, tienes seguridad y recursos para conseguirlo, es hora de comenzar.

 

¡Ánimo y feliz 2020!

 

Y recuerda, los profesionales de Plenum estaremos encantados de ayudaros con estos nuevos propósitos para mejorar vuestra salud. Un saludo a todos.

 

 

 

Artículo escrito por:

Lara Jiménez Martín
Psicóloga sanitaria y deportiva
Nº colegiado: CL-4751

 

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10 septiembre, 2019

En este nuevo post sobre psicología hablamos sobre como movilizarnos para un cambio, todos buscamos mejorar día a día ya sea a nivel de trabajo, pareja, deporte… Buscando siempre nuestro bienestar y nuestra felicidad.

No obstante, es algo habitual ver cómo, a pesar de querer cambiar algún aspecto de nuestra vida, no hacemos nada para lograr este cambio o mejora. Esto suele darse debido al miedo que produce el cambio, estamos más seguros en la situación actual, entonces preferimos quedarnos en nuestra zona de confort, a pesar de que eso nos reduce mucho las posibilidades de mejorar.

“Mejor lo malo conocido que lo bueno por conocer”

Este es un refrán típico, muy útil para explicar por qué muchas veces nos mantenemos en la zona de confort y evitamos cambiar. Cuando queremos mejorar algo en nuestra vida se produce en nuestra mente un conflicto de intereses entre nuestros pensamientos y emociones: aparecen las motivaciones hacia el cambio, los miedos, los beneficios y costes personales del mismo, etc.; y será aquello a lo que demos más importancia lo que determine nuestra conducta posterior.

El nombre de zona de confort no quiere decir que sea cómoda, sino que nos hemos acostumbrado a ella, no nos requiere mucho esfuerzo ya que hemos automatizado las tareas y la dinámica diaria y ello nos permite seguir funcionando en nuestro día a día. Todo cambio exige un esfuerzo de energía, desaprender y aprender nuevas formas de actuar o adaptarse a otros entornos, y es aquí donde aparecen las inseguridades y dudas.

 

Por ejemplo, es habitual qué tras el diagnóstico de una enfermedad, una lesión grave, una operación, etc.; aparezcan miedos, inseguridades y veamos la actividad física como un enorme esfuerzo que nos hace duda de nuestra capacidad para poder llevar de nuevo una vida normal: practicar nuestro deporte o continuar trabajando y rindiendo al mismo nivel, viajando,  o realizando otras actividades de ocio; sin embargo, tenemos claros los numerosos beneficios que tiene para nuestra salud mantenernos activos, tanto física como psicológica.  Bien, en esta situación, será la persona (a que aspectos de más peso) y su motivación para salir de la zona de confort, lo que determinará que realmente se produzca una mejora ligada a la actividad física.

¿Qué puedo hacer para salir de mi zona de confort?

Llega la hora de ponernos en marcha, os traigo unas preguntas que nos ayudarán a concretar actividades para movilizar ese cambio que deseamos, en este caso ponemos el ejemplo a nivel deportivo.

  1. ¿Qué actividad física o deporte quieres comenzar (o volver a realiza)? Mi objetivo.
  2. ¿Por qué es importante para ti realizar esa actividad o deporte? Mi motivación.
  3. ¿Cómo vas a hacerlo? Acción concreta, pasos a seguir.
  4. ¿Qué beneficios tiene para mí conseguirlo? Aspectos positivos para mi vida.

Ahora falta comprometerse con el cambio y atreverse a salir de la zona de confort. ¡Ánimo, tú decides!

 

Para saber más:

https://www.youtube.com/watch?v=i07qz_6Mk7g

 

Artículo escrito por:

Lara Jiménez Martín

Psicóloga sanitaria y deportiva en Clínica Plenum

Nº colegiado: CL-4751

7 junio, 2019

La investigación en psicología deportiva sobre la recuperación de lesiones ha ido en aumento en los últimos años, gracias a ello podemos explicar las causas de la mayoría de ellas, realizando un análisis del contexto y atendiendo a las diferentes modalidades deportivas (Dosil, 2008).

Las lesiones que se producen en deporte de recreación suelen venir determinadas por dos factores determinantes que se relacionan, la falta de tiempo y el aumento del estrés debido al estilo de vida predominante en la sociedad actual; y la promoción constante de la actividad física que crea la necesidad de practicar, teniendo la sensación de que sin ella no podemos ni debemos vivir. Esto produce que muchas personas comiencen una actividad física o un deporte sin ninguna preparación previa, sin conocer (a través de una prueba de esfuerzo u otras herramientas) cual es la mejor actividad para su salud. Lo que aumenta las probabilidades de lesionarse.

En el caso del deporte de competición las grandes exigencias suelen ser contraproducentes para la salud de los deportistas. Entrenamientos excesivos, falta de preparación psicológica, y la actitud del entrenador son algunos factores determinantes en el desarrollo de las lesiones.

Además, si el deporte que practicamos es un deporte de riesgo, las propias características de la actividad pueden aumentar las probabilidades de sufrir una lesión. Aquí el conocimiento de los riesgos intrínsecos y una buena preparación previa son aspectos básicos para reducir la probabilidad de la aparición de lesiones.

Por lo tanto, de cara a prevenir lesiones debemos tener en cuenta los aspectos que aumentan el riesgo según la modalidad que practiquemos.

Desde la intervención preventiva, la mejor forma de reducir las probabilidades de una lesión, la psicología ayuda con programas de reducción de estrés, la mejora de formación específica sobre prevención de riesgos y hábitos saludables, el entrenamiento de recursos psicológicos, la planificación de objetivos y entrenamientos, y la mejora de recursos técnicos. Obviamente contar con un equipo multidisciplinar en estos casos ayuda a que las posibilidades evitar una lesión aumente, por suerte en Plenum cumplimos esta característica, como dice el refrán “mejor prevenir que curar”.

Una vez la lesión aparece

Existen varios modelos teóricos que nos hablan de la importancia que tiene nuestra respuesta en la recuperación de la lesión. Nuestra personalidad, nuestro estilo de afrontamiento y nuestra historia previa, entre otros factores, nos llevarán a realizar una valoración de la situación. Esta valoración será clave para la posterior recuperación.

Las investigaciones desde la década de los 80 han permitido demostrar que la introducción de aspectos psicológicos en la prevención y recuperación de lesiones deportivas ayuda a que el deportista se recupere plenamente y regrese a la práctica deportiva lo antes posible (Dosil, 2008).

En cuanto a la intervención post lesión, es fundamental acudir a profesionales que tengan un protocolo de actuación, actuar con una base científica y probada siempre nos dará más garantías que alguien sin conocimientos reales sobre el tema.

Desde el primer momento en que se produce la lesión el psicólogo deportivo puede comenzar a trabajar en la movilización de recursos del deportista, informar del proceso que va a seguir y planificar diferentes fases y la actuación en cada una de ellas, desarrollar habilidades y evaluar la evolución, sin olvidar trabajar la prevención de recaídas. Además, el contexto social del deportista es fundamental por lo que desde la psicología deportiva no se concibe el tratamiento de una lesión sin estar en contacto con otros profesionales como médico o fisioterapeuta y con el entorno más cercano de la persona.

Te animamos desde Plenum a que completes tu tratamiento añadiendo el asesoramiento psicológico para tu bienestar deportivo y personal.

Para saber más: Dosil, J. 2008. Manual de Psicología de la actividad física y del deporte. Mc Graw Hll

 

Artículo escrito por: Lara Jiménez. Psicóloga de Clínica Plenum

17 mayo, 2019

Entendemos por autoestima el conjunto de percepciones, imágenes, pensamientos, juicios y afectos sobre uno mismo, es decir, cómo nos vemos y nos valoramos.

Existen una serie de características que nos pueden ayudar a saber si contamos con un buen nivel de autoestima. Pero antes debemos aclarar que tener un buen nivel de autoestima no significa tener un nivel muy alto de autoestima, ya que tanto un pobre nivel de autoestima, como uno demasiado alto, son perjudiciales para nuestro bienestar mental.

Ahora, piensa en ti, y valora en qué nivel de encuentras. Las personas con un buen nivel de autoestima:

  • Confían en su criterio, aunque sea cuestionado; y en su capacidad para resolver problemas.
  • Defiende sus ideas, opiniones y valores, y los modifica si se da cuenta de que se equivoca.
  • Pide ayuda cuando se necesita.
  • No se deja manipular, sí colabora.
  • Respecto a otras personas no se considera ni inferior ni superior.
  • Reconoce y acepta sus emociones y sentimientos (positivos y negativos), expresándolos.
  • Cuenta con capacidad para disfrutar con diferentes actividades.
  • Respeta las opiniones de los demás, aunque no las comparta.

 

Existan también algunos comportamientos que pueden afectar a nuestra autoestima, como las críticas, las etiquetas, y los errores que comentemos. Especialmente cuando no sabemos afrontar estas situaciones de manera adecuada.

En este punto me gustaría detenerme, en especial pensando en los más pequeños de la casa. Muchas veces sin ser conscientes de ello, cuando hacen algo que no nos agrada, los adultos les ponemos ciertas etiquetas que repetidas en el tiempo van minando su autoestima y dificultan un buen afrontamiento de las situaciones. Por ejemplo, si mi madre me dice que soy tonto por haberme equivocado en este ejercicio, al principio seguiré intentando hacer ejercicios, aunque me equivoque, pero si continúo escuchando “eres tonto” cuando me equivoco, acabaré por tirar la toalla y pensar “para que voy a estudiar si soy tonto, no tengo capacidad”.

Utilizar el verbo estar en lugar del verbo ser es una buena estrategia para evitar estas etiquetas: “Hijo estás un poco tonto hoy, sé que tú eres capaz, revisa en qué te has equivocado”. De esta manera trasmito confianza en sus capacidades, y animo a que encuentre la solución. SER algo implica una característica estable, con menos posibilidad de modificarse, sin embargo, ESTAR de una manera es algo pasajero, me permite cambiarlo con mis actos.

 

En el caso de los adultos, una pequeña actividad que ayuda a mejorar nuestro nivel de autoestima es recordar nuestras fortalezas y virtudes. Esto puede ser difícil al principio, no estamos acostumbrados a hacerlo, tendemos a fijarnos más en nuestros fallos, y a veces, machacarnos por ellos.

Para ayudar a conocer cuales son nuestras fortalezas podemos pensar primero en un buen amigo o una persona a la que queremos mucho. Piensa que fortalezas tiene esa persona, cuales son sus virtudes, y en que situaciones concretas las pone en práctica. Dile cuanto le admiras o le quieres y por qué.

Normalmente compartimos valores, virtudes y fortalezas con las personas que tenemos a nuestro alrededor. Así que ahora piensa tú alguna situación en la que hayas puesto en práctica esas fortalezas y/o virtudes de tu ser querido. Quizá no coincidan todas, pero seguro habrás encontrado puntos por los que comenzar. No te olvides de recordarte por qué te admiras y te quieres.

Haz una lista de tus virtudes y fortalezas, y mantelo visible en algún lugar importante para ti. Que la puedas retomar cuando lo necesites, para recordar lo que escribiste o para añadir líneas.  Esto te ayudará a conocerte y valorarte mejor.

 

Contar con un buen nivel de autoestima es fundamental en la toma de decisiones, la forma de relacionarnos con los demás y en nuestra comunicación. Te animo a trabajar sobre este concepto.

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